
Bajo un sol abrasador, los peregrinos del Arbaeen cruzan a Irak entre retratos de líderes caídos y el eco de la guerra
Miles de iraníes atraviesan la frontera hacia Karbala para una de las mayores concentraciones religiosas del mundo, en una peregrinación marcada por el conflicto reciente y la memoria de sus mártires.
Bajo un sol inclemente, vestidos de negro y con retratos del líder supremo asesinado, Ali Jamenei, los peregrinos iraníes avanzaban en una corriente incesante a través del paso fronterizo de Zurbatiyah. Algunos pisoteaban una imagen del presidente estadounidense Donald Trump; otros alzaban el puño o dibujaban la señal de la victoria con los dedos, mientras los ventiladores gigantes rociaban una fina niebla para mitigar el calor. "Hay ansiedad y miedo", confesaba Amir, un conductor de camioneta de 55 años llegado desde la provincia de Alborz, al norte de Irán, que resumía el sentir de una multitud que, según sus palabras, "lo ha dejado todo atrás" para estar allí.
Amir es uno de los aproximadamente dos millones de peregrinos que, según el comandante policial iraní Mohammad Sharafi, ya habían cruzado las fronteras del país "en condiciones seguras" a pocos días de la cita. El paso de Mehran, en la provincia de Ilam, es el más transitado por su cercanía a las ciudades santas de Karbala y Nayaf; solo en las últimas 24 horas registró más de 266.000 movimientos, de acuerdo con el portavoz del cuartel general del Arbaeen en la provincia, Tach al-Din Salehiyan. Las autoridades iraquíes, por su parte, elevaron el viernes la cifra de peregrinos extranjeros que ya habían ingresado al país a unos 3,5 millones.
El Arbaeen, que en árabe significa cuarenta, conmemora el fin de los cuarenta días de duelo por el martirio del imán Husein, nieto del profeta Mahoma y figura fundacional del islam chiita, caído en la batalla de Karbala en el año 680. La peregrinación a su mausoleo, donde también reposa su hermano Abbas, se ha convertido en una de las reuniones religiosas más multitudinarias del planeta. Los devotos expresan su dolor con llantos y lamentos, en un ritual que cada año transforma las carreteras iraquíes en un río humano jalonado por miles de puestos de comida, agua y asistencia gratuita.
La edición de este año, sin embargo, está atravesada por la guerra. Un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero desató un conflicto que no ha dejado indemne a Irak, donde bombardeos recientes alcanzaron a milicianos en siete provincias. "La diferencia es que estamos en guerra. Ahora, Estados Unidos nos está atacando", explicaba Amir, quejándose del sufrimiento de la economía iraní. Aun así, afirmaba: "Nos mantenemos firmes y resistiremos, aunque tengamos que sobrevivir a pan seco".
Para Fátima Moradi, una mujer de 52 años que perdió a numerosos familiares en los combates, el sentido de la visita era íntimo y político a la vez: "Este año vengo en nombre de nuestro líder mártir, en su nombre y en el de todos los mártires". A su alrededor, los peregrinos portaban imágenes de Jamenei, de su hijo y sucesor Mujtaba, y de otros comandantes abatidos del llamado "eje de la resistencia", como Qasem Soleimani o Abu Mahdi al-Muhandis. En el camino hacia Karbala, a unos 300 kilómetros de la frontera, los recibían voluntarios iraquíes con bebidas y alimentos, en una coreografía de duelo y hospitalidad que se repetía bajo un cielo de fuego.
| Prensa iraní y afín | +0.80 | aligned |
|---|---|---|
| Prensa árabe Levante-Magreb | 0.00 | neutral |
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.60 | critical |
Nosotros, la nación iraní, marchamos con banderas rojas para vengar a nuestro líder mártir, mostrando al mundo nuestra inquebrantable devoción y fuerza.
Al enmarcar la peregrinación como un acto directo de venganza y lealtad al Líder Supremo, la narrativa transforma un ritual religioso en una manifestación política, fusionando fe e ideología estatal.
La guerra en curso en la región y las implicaciones políticas de la peregrinación se omiten, presentando un evento puramente espiritual.
Describimos el Arbain con una mezcla de reportaje espiritual y análisis geopolítico, señalando tanto la devoción religiosa como las tensiones políticas que acompañan el evento de este año.
Al yuxtaponer relatos neutrales sobre los servicios a los peregrinos con un artículo separado que destaca la guerra y la politización, el bloque permite a los lectores ver la peregrinación tanto como una tradición sagrada como un posible punto de conflicto.
Las acciones abiertamente políticas y confrontacionales de los peregrinos (pisar el retrato de Trump, corear consignas) se minimizan u omiten, manteniendo el enfoque en aspectos religiosos y logísticos.
Observamos a peregrinos iraníes cruzando a Irak bajo la sombra de la guerra, llevando retratos de un líder asesinado y realizando actos provocativos, señalando una nueva fase de tensión en la región.
Al destacar los símbolos visuales de venganza y los recientes ataques bélicos, la narrativa enmarca una peregrinación religiosa como una amenaza de seguridad y una declaración política, utilizando imágenes dramáticas para crear urgencia.
La escala de la devoción religiosa pacífica y las extensas redes de servicios proporcionadas por las comunidades iraquí e iraní se omiten, presentando una visión estrecha centrada en la seguridad.
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