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Sociedad y Culturadomingo, 2 de agosto de 2026

La lección de Ramah: educar en lo digital antes de prohibir o castigar

Mientras en varios continentes se debate si vetar las redes sociales a menores o endurecer las sanciones, una escena en un aula indonesia y las voces de educadores y analistas recuerdan que la primera respuesta debería ser la formación y el acompañamiento.

En una escuela de Tebing Tinggi, Indonesia, la profesora de Informática Mia Yolanda Siregar lanzó una pregunta sencilla a sus alumnos de séptimo grado: “¿Quién no tiene ordenador en casa?”. El silencio se rompió cuando un muchacho tímido, al que ella llama Ramah, levantó la mano lentamente. Su familia, golpeada por la estrechez económica, nunca había podido ponerle un teclado delante; manejar un ratón le resultaba tan ajeno como un idioma extranjero. Poco después, la llegada de una pantalla interactiva donada por el presidente de Indonesia transformó aquella distancia. Los estudiantes, incluido Ramah, empezaron a tocar la superficie digital, a ordenar secuencias lógicas y a resolver retos de pensamiento computacional en grupo. Por primera vez, nadie se quedó mirando.

Esa imagen de inclusión silenciosa contrasta con un debate que recorre latitudes muy distintas. Desde Italia, la organización Meritocrazia Italia, presidida por Walter Mauriello, advierte que la discusión pública se ha deslizado peligrosamente hacia la punibilidad: bajar la edad de imputabilidad, llenar los centros de menores, presumir la responsabilidad penal. “Nadie se detiene a hacer la pregunta que importa: ¿qué construimos antes?”, plantean en un comunicado. Recuerdan que durante años se dejó a niños de cinco o seis años solos frente a una jungla de algoritmos, contenidos violentos y acoso sin filtros, sin que el Estado regulara las plataformas ni instaurara una verdadera educación digital en las escuelas. Su propuesta, un texto único para reformar el acceso a las redes sociales presentado hace cuatro años, sigue esperando mientras, denuncian, se prefiere la legislación de urgencia a la de visión.

El eco de esa tensión llega hasta Colombia, donde el debate sobre prohibir las redes sociales a menores de 16 años cobró fuerza tras la medida adoptada por Australia y la inminente entrada en vigor de la restricción francesa. Un editorial reciente recuerda que el psicólogo social Jonathan Haidt, en su libro La generación ansiosa, ha documentado cómo los dispositivos y las plataformas diseñadas para generar adicción están correlacionados con tasas más altas de depresión y ansiedad juvenil. Las cifras de la Encuesta Nacional de Salud Mental de 2025 confirman que el país comparte el problema. Sin embargo, el mismo análisis advierte que una prohibición estricta al estilo australiano puede convertirse en “populismo punitivo”: una encuesta de la Fundación Molly Rose reveló que el 61 % de los adolescentes australianos de entre 12 y 15 años sigue accediendo a las redes, y los propios jóvenes relatan que burlar el veto se ha vuelto un chiste. Colombia acaba de aprobar un decreto que obliga a diseñar una política pública de entornos digitales sanos, pero la discusión de fondo sigue abierta.

En Suecia, la orientadora escolar Nilofar Sherinbek desplaza el foco hacia los adultos. Escribe que los niños crecen en una realidad donde los videojuegos, las redes y los estímulos digitales moldean su lenguaje, su manera de gestionar conflictos y la imagen que tienen de sí mismos. “No es falta de amor decir no, limitar el tiempo de pantalla o querer saber qué ven y a qué juegan. Es cuidado”, afirma. Su llamamiento, publicado ante el inicio del curso, insiste en que hogar y escuela deben transmitir un mismo mensaje sobre respeto, empatía y responsabilidad, y que una diagnosis no puede convertirse en un atajo para dejar de guiar. “Los niños necesitan adultos que colaboren, no que se echen la culpa unos a otros”, resume.

Las cuatro voces, surgidas de contextos muy dispares, dibujan un mismo umbral. Mientras los estados ensayan prohibiciones y los discursos punitivos ganan terreno, en un aula de Sumatra una pantalla interactiva consiguió lo que ninguna ley por sí sola garantiza: que un muchacho que nunca había tocado un ordenador dejara de ser espectador. Quizá la pregunta no sea solo qué vetamos, sino qué ponemos al alcance de la mano.

Divergencia — quién la cuenta y cómo
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Prensa del Sudeste Asiático0.00neutral
Prensa europea continental0.00neutral
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Prensa del Sudeste Asiático0.00
Voz

Yo, maestra de secundaria, veo a mis estudiantes perdidos en la jungla digital y pido educación, no castigo.

Mecanismotestimonianza diretta

La credibilidad proviene de la experiencia directa en el aula, haciendo el argumento concreto e inmediato.

Omisión

La narrativa no menciona prohibiciones legislativas en otros países ni datos estadísticos sobre el impacto de las restricciones.

PragmatismoAlarma
Prensa europea continental0.00
Voz

Nosotros, los adultos, debemos tomar la responsabilidad de hablar sobre el mundo digital de los niños y establecer límites, no castigarlos.

Mecanismoappello all'urgenza

Utiliza llamados de expertos y organizaciones para crear un sentido de urgencia compartida.

Omisión

No profundiza en las experiencias personales de los maestros en el aula ni en las consecuencias específicas de las prohibiciones.

PragmatismoUrgencia
Prensa latinoamericana0.00
Voz

El debate sobre la prohibición de las redes sociales a los menores merece un análisis cuidadoso, considerando las experiencias internacionales y los datos demográficos.

Mecanismoconfronto comparativo

Adopta un enfoque comparativo y cita leyes de otros países para fortalecer la posición de duda sobre las soluciones simples.

Omisión

No incluye voces directas de profesores o estudiantes, ni propone una alternativa educativa concreta.

EscepticismoDistancia
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Vinicius Jr. exige 30 millones de euros y un bono inédito para renovar con el Real Madrid·El terremoto de Kumamoto dispara los casos de golpe de calor entre evacuados·México registra en 2025 la tasa de homicidios más baja en ocho años, según cifras preliminares del INEGI·Un sismo de magnitud dispar sacude el sur de Filipinas sin causar víctimas inmediatas·El déficit comercial de EE.UU. cae en junio, pero se dispara con Asia por el acopio preventivo de importaciones·Pacientes del norte de Suecia viajan al sur para operarse mientras persisten brechas de género en la espera·Alex Eala agota las entradas en Toronto tras su histórico título en Washington·Rumor de Idzes al PSG inquieta a la afición del Sassuolo·Vinicius Jr. exige 30 millones de euros y un bono inédito para renovar con el Real Madrid·El terremoto de Kumamoto dispara los casos de golpe de calor entre evacuados·México registra en 2025 la tasa de homicidios más baja en ocho años, según cifras preliminares del INEGI·Un sismo de magnitud dispar sacude el sur de Filipinas sin causar víctimas inmediatas·El déficit comercial de EE.UU. cae en junio, pero se dispara con Asia por el acopio preventivo de importaciones·Pacientes del norte de Suecia viajan al sur para operarse mientras persisten brechas de género en la espera·Alex Eala agota las entradas en Toronto tras su histórico título en Washington·Rumor de Idzes al PSG inquieta a la afición del Sassuolo·
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domingo, 2 de agosto de 2026

La lección de Ramah: educar en lo digital antes de prohibir o castigar

Mientras en varios continentes se debate si vetar las redes sociales a menores o endurecer las sanciones, una escena en un aula indonesia y las voces de educadores y analistas recuerdan que la primera respuesta debería ser la formación y el acompañamiento.

En una escuela de Tebing Tinggi, Indonesia, la profesora de Informática Mia Yolanda Siregar lanzó una pregunta sencilla a sus alumnos de séptimo grado: “¿Quién no tiene ordenador en casa?”. El silencio se rompió cuando un muchacho tímido, al que ella llama Ramah, levantó la mano lentamente. Su familia, golpeada por la estrechez económica, nunca había podido ponerle un teclado delante; manejar un ratón le resultaba tan ajeno como un idioma extranjero. Poco después, la llegada de una pantalla interactiva donada por el presidente de Indonesia transformó aquella distancia. Los estudiantes, incluido Ramah, empezaron a tocar la superficie digital, a ordenar secuencias lógicas y a resolver retos de pensamiento computacional en grupo. Por primera vez, nadie se quedó mirando.

Esa imagen de inclusión silenciosa contrasta con un debate que recorre latitudes muy distintas. Desde Italia, la organización Meritocrazia Italia, presidida por Walter Mauriello, advierte que la discusión pública se ha deslizado peligrosamente hacia la punibilidad: bajar la edad de imputabilidad, llenar los centros de menores, presumir la responsabilidad penal. “Nadie se detiene a hacer la pregunta que importa: ¿qué construimos antes?”, plantean en un comunicado. Recuerdan que durante años se dejó a niños de cinco o seis años solos frente a una jungla de algoritmos, contenidos violentos y acoso sin filtros, sin que el Estado regulara las plataformas ni instaurara una verdadera educación digital en las escuelas. Su propuesta, un texto único para reformar el acceso a las redes sociales presentado hace cuatro años, sigue esperando mientras, denuncian, se prefiere la legislación de urgencia a la de visión.

El eco de esa tensión llega hasta Colombia, donde el debate sobre prohibir las redes sociales a menores de 16 años cobró fuerza tras la medida adoptada por Australia y la inminente entrada en vigor de la restricción francesa. Un editorial reciente recuerda que el psicólogo social Jonathan Haidt, en su libro La generación ansiosa, ha documentado cómo los dispositivos y las plataformas diseñadas para generar adicción están correlacionados con tasas más altas de depresión y ansiedad juvenil. Las cifras de la Encuesta Nacional de Salud Mental de 2025 confirman que el país comparte el problema. Sin embargo, el mismo análisis advierte que una prohibición estricta al estilo australiano puede convertirse en “populismo punitivo”: una encuesta de la Fundación Molly Rose reveló que el 61 % de los adolescentes australianos de entre 12 y 15 años sigue accediendo a las redes, y los propios jóvenes relatan que burlar el veto se ha vuelto un chiste. Colombia acaba de aprobar un decreto que obliga a diseñar una política pública de entornos digitales sanos, pero la discusión de fondo sigue abierta.

En Suecia, la orientadora escolar Nilofar Sherinbek desplaza el foco hacia los adultos. Escribe que los niños crecen en una realidad donde los videojuegos, las redes y los estímulos digitales moldean su lenguaje, su manera de gestionar conflictos y la imagen que tienen de sí mismos. “No es falta de amor decir no, limitar el tiempo de pantalla o querer saber qué ven y a qué juegan. Es cuidado”, afirma. Su llamamiento, publicado ante el inicio del curso, insiste en que hogar y escuela deben transmitir un mismo mensaje sobre respeto, empatía y responsabilidad, y que una diagnosis no puede convertirse en un atajo para dejar de guiar. “Los niños necesitan adultos que colaboren, no que se echen la culpa unos a otros”, resume.

Las cuatro voces, surgidas de contextos muy dispares, dibujan un mismo umbral. Mientras los estados ensayan prohibiciones y los discursos punitivos ganan terreno, en un aula de Sumatra una pantalla interactiva consiguió lo que ninguna ley por sí sola garantiza: que un muchacho que nunca había tocado un ordenador dejara de ser espectador. Quizá la pregunta no sea solo qué vetamos, sino qué ponemos al alcance de la mano.

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Yo, maestra de secundaria, veo a mis estudiantes perdidos en la jungla digital y pido educación, no castigo.

Mecanismotestimonianza diretta

La credibilidad proviene de la experiencia directa en el aula, haciendo el argumento concreto e inmediato.

Omisión

La narrativa no menciona prohibiciones legislativas en otros países ni datos estadísticos sobre el impacto de las restricciones.

PragmatismoAlarma
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Nosotros, los adultos, debemos tomar la responsabilidad de hablar sobre el mundo digital de los niños y establecer límites, no castigarlos.

Mecanismoappello all'urgenza

Utiliza llamados de expertos y organizaciones para crear un sentido de urgencia compartida.

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No profundiza en las experiencias personales de los maestros en el aula ni en las consecuencias específicas de las prohibiciones.

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El debate sobre la prohibición de las redes sociales a los menores merece un análisis cuidadoso, considerando las experiencias internacionales y los datos demográficos.

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