
Los gatos no diferencian las emociones humanas por la voz, pero entran en alerta, según un estudio
Una investigación con 20 felinos domésticos muestra que responden de forma similar a risas, llantos o gritos; los expertos recuerdan las señales clave para interpretar su afecto y mejorar la convivencia.
Un equipo de la Universidad de Bari (Italia) expuso a 20 gatos domésticos a grabaciones de risas, llantos, gritos y alaridos humanos. Los animales mostraron un estado de alerta moderado —orejas hacia los costados, pupilas dilatadas y movimientos de cola— sin que la respuesta variara según la emoción transmitida. “En lugar de distinguir inmediatamente entre felicidad, miedo, ira o tristeza, respondieron con un aumento generalizado del estado de alerta”, explicó la autora principal, Serenella d’Ingeo. El hallazgo, que sorprendió a los propios veterinarios, sugiere que los felinos perciben que algo ocurre pero no identifican el tipo de emoción únicamente por la voz.
Pese a esa aparente indiferencia vocal, los gatos disponen de un rico repertorio de señales para expresar confianza y afecto. El parpadeo lento —conocido como “beso de gato”— se asocia a un estado emocional positivo y funciona como una sonrisa humana; devolverlo puede reforzar el vínculo. También frotan la cabeza o el costado contra las piernas para marcar con sus glándulas odoríferas a quienes consideran parte de su grupo social. Incluso las mordidas, a menudo malinterpretadas, son una forma de comunicación: las suaves “mordidas de cariño” aparecen en momentos de juego o confianza, mientras que un mordisco durante las caricias indica que el animal ha alcanzado su límite de tolerancia.
El veterinario Manuel Manzano insiste en que la clave para ganarse a un felino distante es “aprender a ignorarlo”, evitar persecuciones y miradas fijas, y limitar el contacto físico a las mejillas, la barbilla y detrás de las orejas, donde se concentran las glándulas de feromonas. Recomienda dedicar cuatro horas semanales al juego de caza simulado, con sesiones de media hora, y aplicar la regla 3-3-3 ante cualquier cambio: tres días para reconocer el espacio, tres semanas para una rutina y tres meses para que el gato se sienta en casa. Los especialistas advierten además que conductas como orinar fuera del arenero, esconderse más de lo habitual o masticar plástico pueden ser señales de estrés o enfermedad y justifican una consulta veterinaria.
Con motivo del Día Internacional del Gato, que se celebra cada 8 de agosto por iniciativa del Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW), los expertos recuerdan la importancia de adaptar el hogar a las necesidades felinas. Separar los platos de comida y agua al menos un par de metros, instalar repisas flotantes y rascadores estratégicos, proteger ventanas y balcones con redes, y optar por plantas seguras como calateas u orquídeas son medidas que reducen el estrés y previenen accidentes. Comprender el lenguaje corporal del gato y respetar sus tiempos, coinciden las fuentes consultadas, es la base de una convivencia armónica.
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| Prensa atlántica / anglosfera | +0.40 | aligned |
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| Prensa india y del sur de Asia | +0.10 | neutral |
The cat doesn't understand our emotions? All the better: it reinforces the idea that the relationship must be built on respect and routine, not on vocal misunderstandings.
A potentially disappointing finding is turned into an opportunity to reaffirm the practical wisdom of cat owners, normalizing the scientific result.
The central finding of the Italian study (the inability to distinguish emotional tones) is omitted in favor of a reassuring narrative focused on animal welfare.
Cats love us, but on their own terms: science shows the bond exists, even if it doesn't go through the human voice.
The Italian study is counterbalanced with a list of feline behaviors 'proven' as signs of love, shifting focus from the deficit (they don't understand emotions) to the strengths of the relationship.
The fact that the Italian study focuses specifically on voice, not on other communication channels, is omitted to avoid undermining the thesis of feline affection.
Animals react to our emotions, but differently than we expect: science helps us read their signals.
The Italian study is placed within a broader framework of research on the human-animal relationship, diluting the specificity of the result on cats and normalizing it as part of a wider scientific discourse.
The exclusive focus on cats in the original study is omitted, replaced by a generic discourse on pets, to avoid isolating the feline case.
The animal world is complex: even monkeys have social relationships that go beyond their species.
The specific news (cats and emotions) is avoided by shifting attention to another zoological topic, maintaining an academic and neutral tone.
Any reference to the Italian study, cats, and their perception of human emotions is omitted, replaced by completely different content.
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