
Australia planea primera refinería en 60 años ante la escasez de combustible por conflicto en Irán
Los gobiernos federal y estatal destinan 4 millones de dólares australianos a un estudio de viabilidad para la planta en Pilbara, que sería construida por Perdaman si resulta viable.
El primer ministro australiano, Anthony Albanese, y el premier de Australia Occidental, Roger Cook, anunciaron el martes una inversión conjunta de 4 millones de dólares australianos (2,8 millones de dólares estadounidenses) para realizar un estudio de prefactibilidad y diseño preliminar de una nueva refinería de combustible a gran escala en la región de Pilbara. De concretarse, sería la primera gran refinería de gasolina construida en el país desde la década de 1960 y la tercera en operación, junto a las plantas de Brisbane y Geelong. El proyecto está a cargo de la empresa industrial Perdaman, con sede en Perth.
La medida se enmarca en la creciente preocupación por la seguridad energética tras la guerra liderada por Estados Unidos contra Irán, iniciada en febrero, que ha cerrado efectivamente el estrecho de Ormuz —por donde transita una quinta parte del petróleo mundial— y ha disparado los precios globales. Australia depende de las importaciones para alrededor del 80 % de sus necesidades de combustible. Un informe del Tesoro advirtió recientemente que los mercados petroleros son más vulnerables y los inventarios mundiales han caído. En ese contexto, Albanese afirmó que la guerra en Medio Oriente «está teniendo un impacto aquí, como en todo el mundo», y que reforzar la capacidad local reduce la exposición a crisis externas. Australia Occidental se quedó sin capacidad de refinación en 2021, cuando BP cerró su planta de Kwinana para convertirla en una terminal de importación.
Vikas Rambal, presidente de Perdaman, calificó el proyecto de «cambio de juego para la seguridad de combustible y el futuro manufacturero de Australia». No obstante, la ministra federal de Recursos, Madeleine King, reconoció que la refinería seguiría dependiendo de crudo importado. Desde los Verdes, la portavoz Sophie McNeill criticó la apuesta por nueva infraestructura fósil y urgió a apoyar la transición del sector minero hacia alternativas al diésel. Matt Roberts, del Consejo de Conservación de Australia Occidental, señaló que la dependencia de las importaciones de petróleo «anula el argumento de la seguridad energética». Por otra parte, el senador del Partido Nacional Matt Canavan condicionó la viabilidad de la refinería al desmantelamiento de las políticas de cero emisiones netas, como el Mecanismo de Salvaguarda que limita las emisiones de grandes instalaciones. El consultor en defensa John Blackburn estimó que la construcción tomaría «de siete a diez años», por lo que no resolvería la escasez inmediata.
El estudio se enmarca en un fondo federal de 10 millones de dólares para evaluar nuevas capacidades de refinación. El gobierno ha visitado a socios regionales como Singapur para asegurar suministros mientras avanza el proyecto. La próxima etapa dependerá de los resultados del estudio y de la posterior ingeniería de detalle, que definirá su localización exacta y su viabilidad económica.
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Australia's first new refinery since the 1960s is proposed, but the $4 million pre-feasibility study raises more questions than answers about its actual contribution to energy security. The announcement seems more about political optics than concrete planning, given the high costs and long timeline. Local commentators wonder whether the refinery will truly reduce reliance on imports or just be another expensive project.
The war in Iran has laid bare Australia's dangerous fuel import dependency, prompting a belated push for a new refinery. The government's feasibility study is a necessary but insufficient response to a crisis that has been brewing for decades. Without swift action, Australia remains exposed to geopolitical shocks.
Australia's decision to explore building its first oil refinery in 60 years is a direct response to supply disruptions caused by the Middle East war. The project underscores the urgent need for energy self-sufficiency as global markets remain volatile. By investing in domestic refining capacity, Canberra aims to shield the country from future external shocks and strengthen national resilience.
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