
El cronotipo extremo eleva hasta un 50% el riesgo de infarto, según un estudio con más de 4.500 adultos
Una investigación publicada en Sleep Health halló que madrugadores y noctámbulos presentan mayor probabilidad de sufrir un infarto de miocardio, especialmente si padecen apnea del sueño.
Un estudio observacional que siguió durante una media de 10,6 años a 4.578 adultos mayores de 40 años reveló que tanto las personas con cronotipo matutino extremo —«alondras»— como las de cronotipo vespertino —«búhos»— enfrentan un riesgo significativamente mayor de infarto de miocardio en comparación con quienes tienen un patrón de sueño intermedio. El riesgo fue un 50 % superior para los madrugadores y un 40 % más alto para los noctámbulos, según los resultados publicados en la revista Sleep Health.
La asociación se volvió particularmente pronunciada entre los participantes que además padecían síndrome de apnea obstructiva del sueño. En ese subgrupo, la probabilidad de sufrir un infarto se incrementó aproximadamente un 80 % tanto en alondras como en búhos. Este hallazgo coincide con advertencias previas de especialistas en medicina del sueño, quienes han señalado que la apnea no tratada provoca el desarrollo de enfermedades cardiovasculares.
Los autores del trabajo subrayan que no solo la cantidad insuficiente de sueño, sino también las características del ritmo circadiano individual, desempeñan un papel relevante en la salud cardíaca. La investigación sugiere que la desalineación entre el reloj biológico interno y los horarios sociales podría contribuir a alteraciones metabólicas y vasculares que elevan el riesgo coronario.
A la luz de estos datos, los investigadores plantean que incorporar la evaluación del cronotipo en la práctica clínica podría ayudar a afinar la estimación del riesgo cardiovascular y a implementar medidas preventivas de forma más temprana. El próximo paso será determinar si las intervenciones destinadas a ajustar los ritmos circadianos logran reducir de manera efectiva la incidencia de eventos cardíacos en estos grupos.
| Prensa del Golfo árabe | −0.40 | critical |
|---|---|---|
| Prensa del Sudeste Asiático | 0.00 | neutral |
| Prensa latinoamericana | +0.10 | neutral |
You must know that hours of television shrink your brain and lead to dementia. Science proves it.
The bloc cites a longitudinal study with precise numbers (1,700 people, 20 years) to create a sense of objective threat and motivate behavioral change.
The bloc omits that the study is correlational and does not prove causation, and that moderate viewing might not be harmful.
Reading is better than watching TV: data show increased brain connectivity, so try swapping half an hour.
The bloc compares two habits (reading vs. watching TV) using scientific data to support a practical, immediate tip without alarmism.
The bloc omits reference to the original 20-year follow-up study, focusing only on the pre-sleep habit.
Chronic stress is the real silent enemy that shrinks the brain – television is just a symptom of a stressful lifestyle.
The bloc broadens the focus from the specific habit (watching TV) to a general cause (stress), making the problem more universal and morally neutral.
The bloc omits the original news about the television study entirely, replacing it with a general discussion on stress.
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