
Serbia promete apoyo a Ucrania en su adhesión a la UE y destina dos millones de euros a su sector energético
El presidente serbio, Aleksandar Vucic, recibió por primera vez en Belgrado a su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski, y se comprometió a respaldar el camino europeo de Kiev sin sumarse a las sanciones contra Moscú.
En la primera visita oficial de Volodímir Zelenski a Belgrado desde su elección en 2019, el presidente serbio, Aleksandar Vucic, prometió el 8 de agosto de 2026 que su país hará “todo lo que esté en nuestras manos” para ayudar a Ucrania a abrir y cerrar cuanto antes los capítulos de negociación para su ingreso en la Unión Europea. El anuncio se produjo durante una rueda de prensa conjunta retransmitida por el canal de YouTube de la presidencia serbia, en la que Vucic subrayó que Ucrania “siempre podrá contar con el pleno apoyo” de Serbia en su senda europea, pese a que él mismo se mostró escéptico sobre una pronta ampliación del bloque comunitario.
Tras un encuentro posterior con el primer ministro Djuro Macut, Zelenski comunicó en su canal de Telegram que Serbia ha decidido asignar dos millones de euros al sostenimiento del sector energético ucraniano, en un momento en que, según sus propias palabras, “prácticamente no queda ni una sola central térmica intacta” en el país. Las partes abordaron además la preparación de un acuerdo de libre comercio que esperan cerrar antes de fin de año y la participación de Belgrado en la reconstrucción de una ciudad ucraniana dañada por la guerra, así como el desarrollo del corredor del Danubio para reforzar las conexiones logísticas entre Ucrania, los Balcanes occidentales y la UE.
Desde la óptica de analistas regionales citados por la prensa internacional, el gesto de Belgrado consolida un acercamiento que habría sido impensable hace pocos años. Serbia, candidata a la adhesión desde 2012, mantiene una posición de equilibrio geopolítico: respalda la integridad territorial de Ucrania conforme a la Carta de la ONU, pero se niega a condenar explícitamente la agresión rusa o a sumarse a las sanciones contra Moscú, de cuyo suministro de gas depende estructuralmente. El propio Vucic aclaró que en la reunión no se trató la cooperación militar y que cualquier debate al respecto quedaría para después del fin del conflicto, cuya pronta conclusión no ve factible.
El viaje de Zelenski se produce en un contexto de creciente presión sobre la infraestructura energética ucraniana y de búsqueda de nuevos suministros de sistemas de defensa aérea. Durante la comparecencia, el mandatario ucraniano advirtió de que los canales de componentes para misiles balísticos siguen fluyendo hacia Rusia “desde casi todos los continentes” y urgió a cortarlos. Mientras, desde Moscú, el senador ruso Vladímir Dzhabárov calificó la cálida recepción a Zelenski como un gesto “en beneficio de Europa” y pidió no hacer declaraciones bruscas contra un “pueblo hermano”, aunque vaticinó que los serbios acabarán viendo en el líder ucraniano a un “monstruo”. La visita no altera por ahora la negativa de Belgrado a alinearse con las sanciones occidentales, pero sí evidencia un progresivo distanciamiento de la influencia rusa en los Balcanes.
| Prensa rusa y CEI | −0.50 | critical |
|---|---|---|
| Prensa europea continental | 0.00 | neutral |
| Prensa atlántica / anglosfera | +0.40 | aligned |
Rusia proyecta la visita como otra prueba del aislamiento de Kiev, que busca apoyo donde puede, mientras Belgrado mantiene un equilibrio frágil.
Se enfatizan las dudas de Vucic y la falta de condena a Moscú, haciendo parecer a Serbia no realmente alineada, y se reducen las ayudas concretas a detalles insignificantes.
La omisión rusa se refiere a la ayuda concreta prometida por Belgrado (2 millones de euros, reconstrucción de una ciudad, acuerdo de libre comercio), que muestra un acercamiento sustancial a Kiev.
Europa continentaliza la visita, enmarcándola como un paso normal en el proceso de integración europea, sin destacar la ruptura con Moscú.
Presenta el evento como parte de un camino compartido hacia la UE, suavizando contradicciones y resaltando los aspectos pragmáticos del acuerdo.
Europa continental omite la cuestión de Kosovo y el hecho de que Belgrado vincula el apoyo a la integridad territorial de Ucrania con el reconocimiento de su propia integridad territorial.
Occidente celebra el éxito ucraniano y el retroceso ruso, presentando a Serbia como un nuevo aliado en formación.
Se enfatiza el declive de la influencia rusa y se interpreta la ayuda como un giro definitivo, minimizando las cautelas de Belgrado.
El relato atlántico omite que Serbia sigue rechazando sanciones contra Rusia y no condena explícitamente la agresión, limitando el significado del acercamiento.
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