
João Rock 2026: el público dejó los celulares y se entregó a un ritual de música brasileña
El festival en Ribeirão Preto reunió a 65.000 personas en una jornada de reencuentros generacionales, apenas una semana después de un temporal que había dejado la ciudad en emergencia.
“É muito foda, não tem um celular pro alto aqui”, exclamó Marcelo D2 desde el escenario Brasil, genuinamente sorprendido. El rapero carioca acababa de interpretar “1967” y “Desabafo” ante una multitud que, en lugar de grabar con el teléfono, coreaba cada estrofa y se movía al ritmo de la batida perfecta entre samba y hip hop. Esa imagen —un mar de manos libres y miradas atentas— definió el pulso de la 19ª edición del João Rock, celebrada el sábado 1° de agosto en el Parque Permanente de Exposiciones de Ribeirão Preto.
El festival, con entradas agotadas, se afirmó como un espacio de resistencia cultural apenas siete días después de que un temporal dejara un muerto, centenares de árboles caídos y el decreto de estado de emergencia en la ciudad. Con tiempo firme y sol, 65.000 personas se distribuyeron entre los palcos João Rock, Brasil, Aquarela y Fortalecendo a Cena para seguir a más de treinta atracciones. Sin embargo, la edición de 2026 evidenció un retroceso en la presencia femenina: solo seis artistas mujeres integraron el cartel, todas concentradas en el escenario Aquarela, mientras que el palco principal no programó ninguna voz femenina.
La nostalgia fue un eje vertebrador. Charlie Brown Jr., con Marcão Britto y Thiago Castanho al frente, transportó a la audiencia a los años 2000 con un repertorio que hizo corear hasta la madrugada temas del legendario Acústico MTV. BaianaSystem, en su cuarta visita al festival, desplegó una línea de tiempo visual con hitos históricos y la frase “Eu não vou sucumbir”, mientras su guitarra baiana mezclaba afro rock, dub y ritmos caribeños. Criolo, por su parte, hizo del palco Fortalecendo a Cena un templo laico del rap y el samba: abrió con “Mariô”, pidió silencio para aplaudir a lo lejos a sus “hermanos” de BaianaSystem y llevó a varios fieles hasta las lágrimas con “Detalhes de Cetim”. Raimundos hurgó en sus orígenes con el forró-core de “Pela-Saco” y CPM22 celebró tres décadas invitando a Di Ferrero a cantar “Dias Atrás”.
El público respondió como un coro colectivo. En el show de Os Paralamas do Sucesso, Herbert Vianna preguntaba una y otra vez “¿alguien se acuerda?” y la respuesta era un unánime “Sinais” o “Lanterna dos Afogados” coreado a capela. Durante la presentación de Criolo, “Grajauex” y “Convoque seu Buda” convirtieron a la platea en la tercera voz del espectáculo. Marcelo D2, antes de invitar a Rael a una roda de samba con “Zé do Caroço”, había agradecido justamente esa entrega sin pantallas: “Um prazer, uma honra tocar no João Rock (…) sempre uma rapaziada que está a fim de ouvir música”.
En un gesto que resumió el espíritu de la jornada, Criolo interrumpió su show para escuchar el sonido que llegaba del otro extremo del parque. Pidió un instante de silencio y, micrófono en mano, convocó un aplauso para los músicos de BaianaSystem. Minutos antes, Marcelo D2 había celebrado la ausencia de celulares en alto. El João Rock 2026 no fue un festival de pantallas, sino de presencias: 65.000 personas que, por más de doce horas, eligieron mirarse, abrazarse y cantar juntas.
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El festival celebra la diversidad de la música brasileña y la unión de generaciones, presentándose como un hito cultural triunfal.
Una extensa galería de fotos con pies de foto enfáticos construye una narrativa de éxito colectivo y alegría compartida, centrándose en momentos emocionales y reacciones del público.
No se incluye información sobre problemas organizativos, costos o críticas, ofreciendo una visión únicamente positiva.
Los eventos musicales locales y los conciertos en Israel merecen atención; el festival brasileño es irrelevante para este ámbito.
Al enumerar solo recomendaciones nacionales y omitir eventos extranjeros, la cobertura construye una identidad cultural autosuficiente que no requiere referencias internacionales.
El festival João Rock, un evento musical de importancia internacional, está completamente ausente, reforzando un marco de insularidad cultural nacional.
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