
EE. UU. y Japón intervienen el yen con venta de euros y sin aviso al BCE
La intervención coordinada del 30 de julio rescató al yen de su mínimo en 40 años, pero el uso de euros para financiarla ha irritado a Fráncfort.
La intervención coordinada de Estados Unidos y Japón en los mercados de divisas el 30 y 31 de julio logró revertir temporalmente la tendencia del yen, que había tocado su nivel más bajo en 40 años, cerca de 164 unidades por dólar. El primer día de operaciones provocó una caída del dólar de más de 400 pips (un 2,4%), y el segundo día, otros 200 pips. Tras la confirmación oficial el 3 de agosto, la moneda japonesa llegó a cotizarse en torno a las 155 unidades, aunque posteriormente se estabilizó cerca de 158.
El mecanismo empleado por Washington ha generado una controversia inédita. Según reveló el Financial Times el 7 de agosto, el Tesoro estadounidense financió su parte de la intervención vendiendo euros de sus reservas, y no dólares, para comprar yenes. Esta operación se ejecutó sin avisar previamente al Banco Central Europeo (BCE). Altos funcionarios europeos calificaron la decisión de 'muy llamativa y triste', al considerarla una ruptura sin precedentes de las prácticas de cooperación entre los bancos centrales occidentales desde la Segunda Guerra Mundial. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, mantuvieron una conversación el sábado siguiente.
La razón estratégica del uso del euro radica en proteger el mercado de deuda estadounidense. Japón es el mayor tenedor extranjero de bonos del Tesoro, con más de 1,1 billones de dólares, y normalmente financia sus intervenciones vendiendo esos activos. Para evitar una venta masiva que disparara los rendimientos, Washington utilizó el mecanismo FIMA, que permite a Tokio obtener dólares con sus bonos como garantía. Esta fue la primera operación coordinada de compra de yenes entre ambos países en 28 años, y las estimaciones del mercado sitúan el volumen total de las intervenciones de julio en más de 10 billones de yenes.
La presión sobre las divisas asiáticas era previa a la acción: el won surcoreano había llegado a debilitarse hasta 1.450 por dólar y el yuan se acercó a 7,3, reflejo de la presión regional que precedió al movimiento. Aunque la intervención forzó un desapalancamiento de las operaciones de carry trade, el problema de fondo persiste: la deuda pública japonesa supera el 260% del PIB y su dependencia energética agrava el impacto de la depreciación. El analista jefe de mercado de FP Markets, Aaron Hill, advierte de que la intervención por sí sola no bastará y que el Banco de Japón deberá subir las tasas en varias ocasiones. La entidad mantuvo su tipo, pero insinuó una subida para fin de año, mientras Bessent impulsa ampliar el FIMA. El próximo hito será la reunión de política monetaria del Banco de Japón a final de año, en la que deberá concretar si respalda con hechos la señal de endurecimiento.
| Prensa europea continental | 0.00 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.50 | critical |
| Prensa japonesa-coreana | 0.00 | neutral |
Un analista técnico de mercado relata la intervención récord sin comentarios políticos, tratándola como una operación normal de mercado.
Al reducir un evento geopolítico a datos numéricos y comparaciones históricas, el bloque despolitiza una acción controvertida.
Omite el hecho de que Estados Unidos vendió euros y que el BCE no fue informado, elementos centrales de la dimensión geopolítica de la historia.
Un comentarista de mercado informado critica la intervención como inadecuada y expone la venta secreta de euros como una violación del protocolo.
Al combinar análisis de mercado con revelaciones internas, el bloque enmarca la intervención tanto como un fracaso técnico como un paso en falso geopolítico.
No destaca los posibles efectos positivos para Japón ni la necesidad de prevenir una crisis del yen.
Una voz oficial japonesa describe pragmáticamente la intervención como una operación técnica rutinaria, con los fabricantes de automóviles ajustando expectativas.
Al normalizar la intervención como actividad estándar del banco central y centrarse en las expectativas del mercado, el bloque minimiza su significado político.
Omite la venta de euros por parte de Estados Unidos y la falta de conocimiento previo del BCE, evitando así la controversia geopolítica.
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