
La ONU advierte que El Niño se intensificará y podría persistir hasta marzo de 2027
El fenómeno climático alcanzaría su máxima intensidad entre agosto y octubre de 2026, según la Organización Meteorológica Mundial, con riesgo de inundaciones en Sudamérica y sequías en otras regiones.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el secretario general de la ONU, António Guterres, lanzaron el 31 de julio una advertencia sobre el fortalecimiento acelerado de El Niño. Guterres afirmó que “El Niño se está fortaleciendo y añade combustible a un planeta que ya arde”, y calificó los extremos climáticos del verano como “solo un calentamiento previo”. La OMM indicó que el fenómeno continuará intensificándose entre agosto y octubre de 2026, con alta probabilidad de temperaturas superiores al promedio en casi todas las zonas terrestres del planeta.
El Niño se caracteriza por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental. Según mediciones de la NOAA, el índice Niño 3.4 ya se ubica en +1,2 °C y se proyecta que supere los +2 °C durante el pico del evento, mientras que las anomalías térmicas en algunas zonas alcanzan entre 2,5 °C y 3 °C por encima de lo normal. La NOAA estima un 81 % de probabilidad de que el episodio alcance la categoría “muy fuerte” entre octubre y diciembre de 2026. La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, subrayó que este evento se desarrolla en un contexto de calor oceánico sin precedentes y cambio climático, lo que amplifica sus impactos.
A escala global, la OMM prevé condiciones más húmedas de lo normal en el sudeste de Sudamérica, el Cuerno de África y el sur de Europa, mientras que el subcontinente indio, Australia y partes de América Central y el Caribe enfrentarían condiciones más secas. En Argentina, el Servicio Meteorológico Nacional y la OMM coinciden en que aumentan las probabilidades de lluvias intensas, crecidas de ríos e inundaciones en el Litoral, la Cuenca del Plata y el centro del país. En Cuyo, el fenómeno podría aliviar una sequía prolongada, aunque ello dependerá de su intensidad durante el invierno. En la India, el Departamento Meteorológico pronosticó precipitaciones monzónicas por debajo del promedio en agosto y septiembre, lo que genera preocupación en el sector agrícola.
Guterres instó a los países a actuar en cuatro frentes: proteger a las personas del calor extremo, hacer el trabajo más seguro, adaptar las infraestructuras y detener la expansión de los combustibles fósiles. La OMM recomendó aprovechar la ventana de oportunidad para anticipar riesgos y fortalecer los sistemas de alerta temprana, especialmente para las comunidades más vulnerables. El monitoreo continuo de las condiciones oceánicas y atmosféricas, a cargo de centros como el Centro de Predicciones Climáticas de la NOAA y el Servicio Meteorológico Nacional, será decisivo para ajustar las respuestas en los próximos meses.
| Prensa del Sudeste Asiático | −0.10 | neutral |
|---|---|---|
| Prensa latinoamericana | 0.00 | neutral |
| Prensa europea continental | −0.10 | neutral |
| Prensa atlántica / anglosfera | −0.30 | critical |
Las autoridades indonesias y expertos en salud advierten al público sobre golpes de calor e incendios forestales, instando a la responsabilidad individual y colectiva.
Al centrarse en síntomas médicos y operaciones concretas de siembra de nubes, el bloque transforma una crisis climática abstracta en un peligro tangible y manejable, reforzando la confianza en las instituciones locales.
El bloque omite las advertencias globales de la OMM sobre la intensidad histórica de El Niño, prefiriendo enmarcar el evento como un desafío logístico local en lugar de una crisis climática mundial.
Los gobiernos latinoamericanos se preparan activamente, declarando que el fenómeno es inminente y que las medidas de prevención ya están en marcha.
Al enfatizar el término 'súper Niño' y las proyecciones de intensidad récord, el bloque crea un sentido de urgencia que justifica la movilización de recursos sin provocar pánico.
El bloque no discute la posibilidad de sequía extrema en otras regiones (como el Sudeste Asiático), centrándose únicamente en los impactos locales de lluvias e inundaciones.
La OMM y los científicos europeos enfatizan la complejidad de las interacciones climáticas, instando a no mirar solo al Pacífico sino a todo el sistema oceánico.
Al desplazar la atención al Océano Índico, el bloque amplía el marco geográfico y temporal, reduciendo el impacto inmediato y situando el evento en un contexto de variabilidad natural.
El bloque no cita efectos directos sobre la salud como golpes de calor ni medidas de mitigación locales, que serían demasiado específicos para la perspectiva continental.
Las Naciones Unidas y los científicos lanzan una alarma global: El Niño está añadiendo combustible a un planeta ya en llamas, y los gobiernos deben actuar de inmediato.
Al usar una metáfora incendiaria y vincular El Niño con el cambio climático a largo plazo, el bloque transforma un evento meteorológico en una crisis existencial, suscitando urgencia moral.
El bloque no menciona los esfuerzos locales de adaptación (como la siembra de nubes en Indonesia o los planes de prevención en Argentina), que atenuarían el dramatismo del panorama global.
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